LA GRAN CRISIS SUBPRIME. EL ORIGEN.
En estos días en que parece que todo se va al garete a nuestro alrededor, la economía mundial salta por los aires, los bancos caen como fichas de dominó y el sistema capitalista y la globalización parecen venirse abajo, uno no puede asistir a todo ello sin que se le venga a la cabeza la Caída del Imperio Romano y preguntarse cómo algo que parecía tan sólido años atrás, se puede desmoronar tan rápidamente y ante nuestros ojos, sin que nada o nadie pueda salvarlo, y la respuesta en ambos casos es la misma, la corrupción, la avaricia, la degradación, la degeneración y decadencia de las instituciones, políticos y organismos reguladores a los que se les paga para que vigilen los excesos y hagan cumplir las normas de transparencia y buen gobierno, a los bancos y a las empresas, base de todo sistema político financiero y sin el cual nos convertimos en lo que estamos asistiendo: un capitalismo de amiguetes.
Ahora, aprovechando la coyuntura, no son pocas las voces que se alzan vaticinando el fin del capitalismo y el liberalismo, culpables de todos los males habidos y por haber, y proponiendo una economía socialista, proteccionista e intervencionista como única cura y salvación de todos los males, incluso en Estados Unidos han querido restituir a Keynes frente a los “fracasados Hayek y Friedman”, personajes tan poco edificantes y filántropos como los Castro, Chávez, Morales, Ahmadineyad nos dicen con regocijo; “ya les advertí sobre los males del capitalismo y la globalización”… y uno se pregunta: ¿acaso tendrán algo de razón? ¿la solución puede ser “más estado” para controlar la corrupción de las empresas y bancos?
La respuesta es NO. La culpa no hay que buscarla en el Capitalismo ni en el Liberalismo ni en la Globalización, lo que ha fallado es una manera de hacer las cosas que conocemos por el “capitalismo de amiguetes” montado entre los organismos reguladores y los que tenían que ser regulados, entre autoridades y banqueros, el intervencionismo para favorecer a los amigos e incluso a sí mismos, las políticas populistas y demagógicas, y a partir de ahí la falta de credibilidad y rigor del sistema y unos agentes económicos que pensaron que visto lo visto, “todo vale y si la cosa va mal ya vendrá Papá Estado a rescatarnos con dinero público” que al fin y al cabo ellos son los que lo provocaron.
¿En qué me baso para afirmar esto?, en la propia historia. Esta historia de la Crisis Subprime no tuvo su origen en 2001 con la explosión de la burbuja de internet tal y como nos cuentan ensayos como el de la crisis ninja y otros artículos de opinión, en realidad fue ahí cuando empezaron las consecuencias, pero el origen hay que buscarlo unos años antes, en 1998, con un demócrata en la Casa Blanca, Bill Clinton y un peligro público, llamado Alan “burbujita” Greenspan, presidiendo la Reserva Federal.
Long Term Capital Management. El nefasto precedente.
Corría el año 1994 cuando John Merriwether, vicepresidente de Solomon Brothers y uno de los gestores más afamados entre los brokers de todo el mundo, decidió crear el fondo de inversión definitivo. Para ello, se rodeó de algunos de los economistas más reputados del momento, como Myron Scholes y Robert C. Merton (futuros ganadores del Nobel de Economía en 1997) Greg Hawkins, Larry Hilibrand o Eric Rosenfeld. Entre todos ellos desarrollaron y perfeccionaron la teoría del convergence trade, según la cual los bonos a largo plazo emitidos con una diferencia de tiempo no demasiado grande tienden a valer lo mismo en el mercado con el paso del tiempo. El LTCM buscaba bonos que estuvieran muy correlacionados entre sí, de tal manera que cuando uno se desplazaba, los gestores rápidamente tomaban posiciones alcistas en uno y bajistas en otro (spreads), apostando porque, a la larga, se acercarían de nuevo. Aunque esta estrategia parece que, aparentemente, crea poco margen de beneficio, realizada con un gran nivel de apalancamiento, genera suculentas plusvalías.
El LTCM utilizaba la máxima agresividad para especular con todo tipo de bonos y renta fija, mediante un estilo long-short que tuvo unos efectos iniciales imparables: en sus dos primeros años de vida, el hedge fund alcanzó rentabilidades anuales cercanas al 40%. Los inversores comenzaron a perder el miedo por el excesivo apalancamiento que utilizaban los gestores del fondo, y lo cierto es que los resultados no hacían sino darles la razón.
Los primeros síntomas de agotamiento llegaron en 1997, aunque más por culpa del estancamiento de los mercados que por una mala dirección del fondo, que “sólo” se revalorizó un 27%.
En mayo de 1998, aumentaron espectacularmente los spreads de crédito a causa de los problemas surgidos con la deuda hipotecaria. El LTCM perdió en escasos días un 16% dando muestras de un preocupante debilitamiento ante los vaivenes del mercado, que se confirmaría en agosto con la crisis económica que sacudió Rusia. A causa del excesivo abaratamiento del petróleo, las autoridades del Kremlin decidieron devaluar el rublo y declarar una suspensión de pagos. La alarma saltó entre todos los inversores del mundo, que decidieron olvidarse de la renta variable y apostar por la renta fija, algo que a priori beneficiaba al LTCM. Sin embargo, los ahorradores miraron a lo seguro y depositaron sus capitales en los bonos de Estados Unidos, favoreciendo la apreciación de estos. La estrategia long short que utilizaban los gestores del fondo, y que apostaba por la convergencia entre los bonos norteamericanos y los de otros países falló, etc. y no sólo eso, sino que sucedió radicalmente lo contrario, extremándose las diferencias. En un solo día, el LTCM perdió más de 550 millones de dólares.
La situación llegó a ser tan caótica que en septiembre de 1998, el hedge fund gestionaba 1.000 millones de dólares pero contaba con una deuda de 100.000 millones de dólares. La Reserva Federal que presidía Alan Greenspan, que tenía su propio dinero en el fondo, decidió intervenir en apoyo de su amiguete Merriwether, e inyectó al fondo 3.600 millones entre las aportaciones de 14 bancos a cambio del 90% del mismo. Price Waterhouse procedió entonces a auditarlo. De esta manera, se evitó poner en peligro todo el sistema financiero. Tan sólo dos años después, el Long Term Capital Management fue liquidado.
La historia del, quizá, más importante y ambicioso hedge fund jamás creado sirve para comprender el por qué de la necesidad de regular las instituciones de este tipo y sobretodo los apalancamientos.
A finales de 1997, había 1.115 de tales hedge funds, que no pagaban ningún tipo de impuestos desde sus bases en los distintos paraísos fiscales.
Greenspan salió a defender tanto el bolsillo de un ramillete de poderosos como el suyo, tan ricos como desvergonzados, dispuestos siempre a contabilizar ganancias rápidas aquí y allá, sin importarles la pobreza que dejan tras de sí cuando sus planes fallan y se instala la crisis. Una cifra como 3.600 millones de dólares para salvar el negocio que una docena de multimillonarios puso en manos de John William Meriwether.
Incluso Merrill Lynch reconoció estar pillado en LTCM por importe de 1.400 millones de dólares, y una cifra parecida provocó la salida en estampida de la dirección de la muy prestigiosa UBS suiza, obligada a explicar lo inexplicable: que lo más granado del capitalismo financiero internacional participa en operaciones especulativas de alto riesgo, que el sistema financiero mundial está hoy inerme ante este tipo de fenómenos y que cuando les sale mal la jugada se les salva con dinero público.
GREENSPAN DEFIENDE A SU DINERO Y SUS AMIGOS
Crisis financiera y absoluta crisis de confianza. Hablaba Camdessus en Washington ante una legión de periodistas de todo el mundo y, unas horas después, se hundían los mercados, y el secretario del Tesoro, Bob Rubin, tenía que salir a escena ofreciendo un Plan Global, mientras Greenspan defendía a sus amigos del LTCM. ¿les suena? ¿acaso no estamos repitiendo la misma historia con los famosos planes de rescate?
Crisis de valores en un capitalismo cuyas reglas están siendo fácilmente vulneradas por unos delincuentes de cuello blanco, los Meriwether, que se las saben todas y van mucho más de prisa que el regulador. Los ladrones corren siempre por delante de la policía.
Greenspan, que tanta prisa se dio en acudir en ayuda de los amigos del LTCM, (la expresión Crony Capitalisem, capitalismo de amiguetes, se puso de moda en Washington desde entonces)que habían dejado su propio dinero en manos de John W. Meriwether, le echaba un buen rapapolvo a la gran banca privada: «Esta no es una crisis provocada por erróneas políticas del sector público, de los gobiernos, sino por el crédito privado», vino a decir a los 100 banqueros más importantes del mundo. «Y si ustedes se retranquean, van a provocar una recesión de dimensiones desconocidas de la que serán los primeros responsables» ¿A que les suena esto?, ahora están utilizando exactamente los mismos argumentos para inyectar fondos públicos a la banca, después de crear un precedente tan peligroso todos los banqueros pensaron que podían pasarse por el forro las recomendaciones del Comité de Basilea en la creencia de que en última instancia, si las cosas se ponían feas, ya acudirían los estados a rescatarlos con dinero público porque de lo contrario el resultado sería aún peor, asumiendo así riesgos increíbles y dando origen a la crisis ninja….. y no les faltaba razón.
¿Qué pueden hacer los organismos internacionales para frenarles y evitar que, como dice Greenspan para justificarse, pongan en peligro el sistema financiero global? Los Meriwether no nacen por generación espontánea. Son hijos del sistema, discípulos aventajados de los Salomon, Merrill Lynch, Morgan, Goldman y demás familia. Ya va siendo hora que se vigilen escrupulosamente a los Hedge Funds y se cree algún tipo de Comité de Basilea para Hedges Funds, se regulen estrictamente todos los productos que permiten excesivos apalancamientos que pueden poner en peligro el sistema financiero global y se obligue a los Bancos a cumplir con Basilea II.
EL COMITE DE SUPERVISION BANCARIA DE BASILEA.
El Acuerdo de Basilea sobre Capital de 1988 estableció normas de capitalización mínima para los bancos.
Las pautas recogidas en el I Acuerdo de Basilea de 1988 de adecuación de capital para la banca son de enorme importancia. Las reglas han demostrado su valía, sobretodo la regla principal, por la cual los bancos deben mantener un volumen de capital que, por lo mínimo, sea del 8% del valor total de sus activos, ponderado por su nivel de riesgo.
El acuerdo de Basilea I ha jugado un papel importante en el fortalecimiento de los sistemas bancarios. La repercusión de ese acuerdo, en cuanto al grado de homogenización alcanzado en la regulación de los requerimientos de solvencia ha sido extraordinaria.
Mientras Basilea I ha sido diseñado para bancos con actividad internacional y para los entonces 11 países representados en el Comité de Basilea, más de 130 países lo han adoptado. Además, cuenta con el reconocimiento del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial como buena práctica internacional.
La principal limitación del acuerdo de Basilea I es que es insensible a las variaciones de riesgo y que ignora una dimensión esencial: la de la calidad crediticia y, por lo tanto, la diversa probabilidad de incumplimiento de los distintos prestatarios. Es decir, consideraba que todos los créditos tenían la misma probabilidad de incumplir.
BASILEA II
Incluye una serie de novedades con respecto al anterior: tiene en cuenta la calidad crediticia de los prestatarios (utilizando ratings externos o internos) y añade requisitos de capital por el riesgo operacional.
Un sistema bancario con suficientes provisiones de capital es fundamental para poder capear los temporales del clima económico. Se supone que las economías de Norteamérica y Europa no hubieran podido sobrevivir a las recientes tensiones económicas-y hasta eventos como el 11 de Septiembre en New York sin haberse visto muy afectados de no haber sido por la acumulación de capital que realizaron durante la etapa de expansión previa.
Pero como el que hizo la ley hizo la trampa, vean lo que dice literalmente una de éstas empresas de ingeniería financiera que se dedican a ofrecer servicios a sus clientes en internet:
“Ahora que han entrado en vigor las nuevas normas de Basilea II, muchos bancos han empezado a examinar con más atención la adecuación de capital de sus clientes y a mostrarse más reacios a conceder préstamos. Esto significa que muchas empresas tienen que buscar formas alternativas de financiación.
Las normas de Basilea II marcan un cambio en los criterios de adecuación de capital y de las políticas de préstamos bancarios con el fin de aumentar la estabilidad del sistema financiero internacional. La idea básica de estas normas es que los préstamos (y especialmente su precio) deben reflejar mucho mejor que hasta ahora el riesgo que asume cada empresa. Cuanto mayor sea el riesgo, más caro tiene que ser el préstamo. Los niveles de solvencia determinados por bancos o agencias externas de calificación crediticia se basan fundamentalmente en ratios financieros, como el nivel de endeudamiento o la autonomía financiera de una empresa, para ello nacen nuestras Estrategias para mejorar su cumplimiento de las normas de Basilea II.”
BILL CLINTON Y LAS VIVIENDAS PA’ LOS POBRES
El tsunami económico-financiero, no sólo tiene su origen en el sector hipotecario subprime de ese país, aunque haya sido el detonador, y el detonador de la crisis comenzó a gestarse desde la década pasada, específicamente desde el gobierno del presidente William Clinton.
En 1999, el entonces mandatario obligó por ley que los impulsores de los créditos hipotecarios relajaran sus reglas para permitir que personas de bajos ingresos pudieran tener acceso a un financiamiento de este tipo, (para evitar la repetición este tipo de disparates nacería posteriormente Basilea II).
En el mismo año Clinton cambió la ley que separaba por completo las actividades de la banca comercial y de la banca de desarrollo, lo cual condujo a la era de los súper bancos detonando el boom de las hipotecas subprime.
Pero Bill Clinton no fue el único culpable del tsunami financiero, también están George W. Bush, Henry Paulson, Alan Greenspan, el Congreso, las calificadoras de riesgo, etc.
Lean un extracto de un artículo aparecido en el New York Times hace casi diez años, firmada por Steven A. Holmes, en la que ya el título dejaba presagiar lo que se estaba fraguando: “Fannie Mae flexibiliza crédito para estimular el préstamo hipotecario”.
“Con el fin de ayudar a que las minorías y la población de menores ingresos se hagan de una casa, Fannie Mae Corporation planea reducir los requerimientos crediticios que le pide a la banca al momento de comprarle su cartera hipotecaria”.
“Este plan piloto, en el que en un comienzo participarán 24 bancos en 15 ciudades (incluyendo el área metropolitana de Nueva York), busca incentivar a los bancos a que concedan préstamos hipotecarios a personas a las que su historial crediticio no les permite obtener préstamos convencionales”.
“Fannie Mae, el suscriptor de préstamos hipotecarios más grande del país, se encuentra presionado en gran forma, por un lado, la Administración Clinton, que insiste en que aumente su cartera de colocaciones hipotecarias entre los grupos de menores ingresos y, por otro, por sus accionistas, que buscan que mantenga su alto nivel de rentabilidad.”
“……los bancos, las instituciones de ahorro y crédito y las compañías de préstamos hipotecarios también presionan a Fannie Mae para que los ayude a otorgar cada vez mayores préstamos a personas de alto riesgo crediticio (“subprime borrowers”). Los ingresos, el historial de crédito y los niveles de ahorro de estos deudores les impiden acceder a préstamos hipotecarios convencionales, y es por eso que cuando obtienen préstamos, éstos vienen con tasas de interés altas — 4% por encima de las tasas convencionales—.”
Ya sabemos cómo acabó Fannie Mae…..
Estas personas de bajos ingresos, despiertan ahora del sueño de la casa en propiedad a la pesadilla de la casa embargada, la bancarrota y la miseria. Quienes desde el gobierno planearon y ejecutaron esta política de Estado olvidaron algo fundamental: en la historia económica de la humanidad jamás a existido un solo caso exitoso de creación de riqueza por decreto. Toda creación de riqueza es un largo y complejo proceso de reconversión de ahorro en inversión. Sin ahorro no hay inversión, y sin inversión no hay crecimiento económico.
Paradojas del destino, el pueblo americano ha elegido a otro demócrata para que arregle el desaguisado. Obama.
CONCLUSIONES
Las principales conclusiones de todo esto son, 1) el desastroso precedente que se creó en 1998 al rescatar la FED con dinero público al LTCM, precedente sin el cual el sistema financiero se lo hubiera pensado dos veces antes de embarcarse en aventuras alocadas apartándose de las recomendaciones de Basilea y asumiendo riesgos inasumibles, 2) una regulación obsoleta y permisiva que no se adapta a los nuevos productos y que permite excesivos apalancamientos en los mercados sin una contrapartida en forma de reservas de capital y 3) la estrategia populista de Bill Clinton, que para lavar su imagen y sin el más mínimo sentido del estado, relajó las condiciones para conceder créditos a los ninja, preparando así una bomba de relojería que estallaría años más tarde. A esto hay que añadir la política de tipos bajos de la FED que agravarían aún más la situación al crear la burbuja de precios y la necesidad de los bancos a dar salida a tanto exceso de liquidez.
A partir de ahí el resto de la historia es bien conocida, se relata magníficamente en ensayos como “la crisis ninja” y otros similares y que se resume en una huída continua hacia adelante y un refinamiento progresivo en la ingeniería financiera para disfrazar los activos tóxicos como deuda de calidad convenientemente empaquetada y con la complicidad de las Calificadoras de Riesgo que la certificaban con la tripleA, ahora nos toca a todos cargar con las consecuencias y esperar en vano que la historia no se repita, pero conociendo la condición humana, mucho me temo que se acabará olvidando y por lo tanto repitiendo, la gran mayoría de la gente no tiene cultura financiera y los que la tienen la aprovechan para enriquecerse rápidamente a base de pelotazos en una economía especulativa e improductiva que pone en peligro el sistema, a los políticos sólo le importan los votos y gobiernan a golpe de encuesta, no le importan las consecuencias de sus decisiones sino cómo vendérselas al público, los reguladores encamados con los regulados y los enemigos de las democracias regocijándose cual bárbaros esperando La Caída del Imperio y la Civilización Occidental…. y mientras en España, con ese carácter latino que nos distingue, mientras el resto de países toman medidas, nosotros…. ¡¡¡¡Que venga otra de gambas!!!!
Eduardo T. Aranda
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